viernes, 25 de febrero de 2011

Ella era un ser humano interesante y una persona magnífica, pero básicamente era un individuo muy particular. Las opiniones sobre su existencia oscilan desde quienes la tenían por una pedante insoportable hasta quienes sostenían que tenía la lucidez y la falta de humildad de los genios. Yo, que la conocí como nadie, puedo contar que no era ni una genia ni una pedante.
Casi todos, para ella, eran muy lentos o inactivos, y por alguna razón, se rodeó permanentemente de seres intelectuales perezosos a los cuales critico despiadadamente.
Pero más allá de todo esto, ella amaba la espectacularidad de las cosas. Sus amores debían ser pasiones. Sus gustos, infinitos. Su tarea inigualada. Su energía inagotable.
Todo esto, dicho así la hace parecer maravillosa. ¿Cómo no enamorarse de alguien que se comprometía con cada cosa que hacía, grande o pequeña, con el mismo absurdamente desbordado entusiasmo?
Sin embargo, había otra cara de esta alegre muchacha, otro aspecto un poco más patético. Quizás el lado indeseable de ella:
Esta mujer se aburría con mucha facilidad.
Ella se enamoraba y se aburría de las personas, de los trabajos, de los deportes, de las maneras de vestir, y de decir. Para ser sinceros se aburría también de maneras de ser y de pensar.
Me pregunto: ¿habrá aceptado a alguien totalmente? Ese sí que es un enigma. Mi humilde opinión sobre ella es que, amaba todo el tiempo, excepto cuando quería a alguien.
Porque cuando esta mujer quería a alguien, siempre destruía todo. El amor, la aceptación y la generosidad parecían desvanecerse y en su lugar afloraban sus peores demandas, sus expectativas más enfermizas, sus dependencias más esclavizantes...
Se puede dudar si amó o no, pero no cabe ninguna duda de que nunca se sintió verdaderamente amada.
Detrás de esta mujer "todopoderosa", fuerte, invulnerable, detrás de este ser deseado y admirado, caminaba su otro ser oculto, como un macabro. Otra mujer carenciada, débil, desgraciada. Una desquerida necesitada de afectos, insegura.
Ni siquiera ella supo cómo se las ingenio para conseguirlo, pero nunca contó con nadie. Contar de la manera en la que ella pretendía, incondicionalmente. En su interior, ella sabía que nadie cuenta con otro incondicionalmente, pero nunca pudo evitar esta búsqueda ridícula de un ser sobre cuya falda reclinar ingenuamente la cabeza y descansar, sin ninguna reserva, cerrando los ojos y bajando la guardia, sin dudas y sin temores.
Nunca confió en nadie. Duele creer esto de ella, tan amigable, tan dispuesta. Sospecho, que nunca fue capaz de confiar en los que la rodearon, no por las dificultades de los demás sino por sus propias incapacidades personales.
La realidad es que ella creyó haber soportado lo insoportable, tolerado todo y hecho todo lo que podía para construir su vida de la mejor manera.
Ella sabía que a veces el amor no alcanzaba, lo decía, lo enseñaba y lo repetía. ¿Entonces qué?
¡¡El miedo!!
Es probable que esta sea la llave de muchas actitudes y la respuesta del planteado enigma acerca de por qué tanta inseguridad: El temor. Porque así como era capaz de accionar sin restricciones, así era de débil e insegura en su interior.
Esta mujer estaba llena de miedos.
¿Qué queda por pensar de la vida de este ser humano? ¿Valía ella la pena?
Yo creo que tenía un pensamiento y una manera de escribir inigualable. Que el registro de su buen humor, su sonrisa y su originalidad, hacen que valga la pena haberla conocido. Me queda de ella, la certeza de que se puede y se "debe" pelear por la propia ideología.
Ser feliz es sentir la convicción de estar en el camino correcto.
(y ella nunca dudó de eso.)


No hay comentarios:

Publicar un comentario